¿Cómo es la cultura de los nativos waiapi brasileños?

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¿Cómo es la cultura de los nativos waiapi brasileños?

Los waiapi casi nunca admiten visitas de extraños. Foto: Google

Integrantes de una tribu de la Amazonía de la República de Brasil observan firmemente hacia el cielo y exclaman: “¡Un avión!”, señalando un lejano punto plateado. La visión de la aeronave que sobrevuela la reserva Waiapi de Manilha hipnotiza a los nativos, acicalados con brillantes taparrabos rojos y los cuerpos teñidos con motivos rojinegros hechos con achiote y jenipapo, un fruto local.

“¿Consideras que vienen a observarnos?”, pregunta Aka’upotye, de 43 años de edad, el primogénito del cacique. Inclusive cuando desaparece la aeronave (desde el cual la Amazonía debe parecer apenas una alfombra verde) persiste una impresión de malestar. La tribu fue contactada por autoridades cariocas en la década de 1970.

Según reseñó el portal AFP, hasta ese instante, vivía como sus ancestros antes de que los europeos llegaran a América hace cinco siglos, en conformidad con la mayor floresta del planeta. Pero el denominado ‘mundo moderno’ se acerca y los cerca. Para alguien llegado de fuera, la vida en Manilha y en una docena de pequeñas comunidades de casas sin paredes y con techos de paja parece a primera vista un cliché de otra era.

 

Los hombres cazan y pescan, mujeres con pechos descubiertos cosechan yuca y disponen la leña para el fuego. Y todos, incluidos los más pequeños, se cubren con pinturas naturales para resguardar sus almas y sus cuerpos. No existen tiendas ni necesidad de dinero.

A discrepancia de tribus que casi se han convertido en atracciones turísticas, los waiapi casi nunca admiten visitas de extraños, ni siquiera periodistas. A pesar de ese aparente retraimiento, no hace falta llevar la mirada al cielo para hallar señales de cambio. Un hombre de la tribu posee un teléfono celular en su taparrabo: en el lugar no hay señal, pero lo usa para tomar fotografías.

Otro tiene el único auto de Manilha. Bajo un techo de paja suena una radio alimentada con energía solar, manipulada para enlazar a las comunidades waiapi diseminadas por la floresta. Y al tiempo Manilha da la impresión de encontrarse perdida en el palpitante corazón de la selva, todo el mundo conoce que la sociedad de consumo vigila a solo dos horas de carretera, en el soñoliento pueblo de Pedra Branca. Dos galaxias a un paso

La generalidad de los cerca de mil doscientos waiapi casi nunca va a Pedra Branca. Jawaruwa Waiapi viaja en cambio allí cada semana, cambiando entre dos mundos, casi como un viajero intergaláctico. A sus 31 años, vive en una colina articulada en la selva e hizo historia el año pasado al convertirse en concejal.

 

Fuente: SegundoEnfoque