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Cuidado con algunas canciones que cantan nuestros hijos

-¡Mira qué graciosas! –Dijo mi madre; -Se saben todas las canciones.

Entonces fue cuando ¡Yo!, que había sido hasta entonces una madre recelosa de lo que mis hijas veían en la televisión; ¡Yo! que había censurado las series televisivas de quinceañeras de instituto, donde primaba la vestimenta y la tontería ante cualquier mente lúcida; ¡yo! que llevaba 7 años intentando inculcarles el valor de la moral, de la importancia del intelecto sobre el cuerpo, de la independencia como mujeres; ¡yo, la supuesta madre feminista!, me vi coreando junto a mis hijas esa música, en cuya letra jamás me había fijado, a pesar de que me la sabía de memoria, hasta el momento en el que oír claramente a mis hijas: “Papito, dame lo que quiero”.

Efectivamente, mis hijas no sabían lo que decían, no entendían el significado real de aquellas palabras, pero a mí se me pusieron los ojos como platos de café y miré a mi madre con cara de horror. Mi madre me devolvió la mirada -Hija, ¿qué te pasa?, ¿parece que has visto un ovni? Tampoco se había fijado nunca en la letra.

Puede que yo distinga que esos valores no son importantes en la vida real, pero en la esponja que tienen por cerebro los niños supone un auténtico peligro y realmente puede afectar a su conducta; os aseguro que lo he comprobado con algunas amiguitas de mis hijas.

He visto cómo los niños se identifican con esas letras, sobre todo los adolescentes, y perseguían esos mismos valores para ser aceptados por el grupo. Copiaban el valor de las cosas, sus aspectos físicos y sus gestos; Son tan manipulables que valoran su mundo en base a esos valores tan superficiales.

En definitiva, la próxima vez que vaya en el coche con ella pondré las canciones de Enrique y Ana, cuyo mayor peligro es que se aprendan las tablas de multiplicar al dedillo o que lloren por la pérdida de Félix Rodríguez de la Fuente sin saber quién es.

Fuente: Guia Infantil