¿Por qué hablan de la nueva época de China?

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¿Por qué hablan de la nueva época de China?

Busca de hacer poderoso el país, sobre la base de lo erguido y lo próspero. Y el objetivo final reside en la felicidad del pueblo. Foto: Xinhuanet

El informe político del XIX Congreso Nacional del Partido Comunista de China (PCCh) que tuvo lugar en Beijing entre los días 18 y 24 de octubre de 2017 ha expuesto el pensamiento sobre el socialismo con peculiaridades chinas de la nueva época.

¿Por qué hablan de la nueva época de China? Lo entendemos mejor si hacemos un breve repaso de lo ocurrido en el país durante los últimos cuarenta años.

 

El PCCh tomó la política de la apertura y la reforma en 1978, por lo que el país registraba un crecimiento económico vertiginoso. En octubre de 1987, el informe político del XIII Congreso Nacional del Partido Comunista de China señaló que el país se encontraba en una etapa primaria del socialismo con peculiaridades chinas y la contradicción principal era entre la demanda creciente en lo material y cultural de parte del pueblo y la producción social atrasada, de modo que planteó tres pasos para la modernización.

El primero fue la duplicación del Producto Interno Bruto(PIB) sobre el nivel de 1980 para solucionar los problemas del alimento y el vestido del pueblo. El segundo consistió en duplicar el PIB una vez más para el final del siglo veinte en busca de un nivel de la vida modestamente acomodada. El último fue llegar al nivel de los países medianamente desarrollados en cuanto al PIB per cápita para a mediados del siglo veintiuno.

A pesar de muchas dudas e inquietudes en la comunidad internacional sobre si China podía alcanzar la meta formulada, entre 1978 y 2007, el crecimiento ecónomico anual del país fue de 9,8%, tres veces más que el de la economía mundial. En 1978 el peso de la economía china en la mundial fue 1,8% mientras que en 2007, 6%, después de los Estados Unidos, el Japón y Alemania.

Después de la crisis financiera mundial de 2008, gracias a una serie de las políticas tomadas por el PCCh, la economía china ha logrado mantener un ritmo de desarrollo bastante rápido, convirtiendo al país en la segunda economía del mundo. Durante los últimos cinco años transcurridos, el crecimiento económico anual ha sido 7,2%, superior al de la economía mundial.

El Banco Mundial y El Fondo Monetario Internacional han elevado en varias ocasiones sus previsiones sobre el crecimiento económico de China para el año en curso y se espera un monto de 12 billones de dólares USA del PIB de China en 2017, o sea, un billón más que el año pasado. En otras palabras, un billón de dólares USA implica una de las primeras quince economías en el mundo.

En 2016, el consumo particular de China aumentó en casi cuatro puntos porcentuales en comparación con cuatro años atrás y los cuatro puntos porcentuales equivalen a 2,3 billones de dólares USA, nada más y nada menos.

Cuando observamos a China en todas sus dimensiones, nos damos cuenta de que este país ha cambiado en forma dramática. Sigue siendo un país socialista con sus peculiaridades en su etapa primaria y sigue siendo el mayor país en vías de desarrollo, mientras que la demanda creciente en lo material y cultural por parte del pueblo se ha convertido en la demanda creciente de una vida mejor y la producción atrasada ha sido sustituida por un desarrollo no equilibrado y no suficiente. La economía china ocupa ahora 15% de la mundial, en lugar de 1,8% de hace 40 años.

La conclusión es: nos encontramos en una nueva época del socialismo con peculiaridades chinas.

 

De acuerdo con el informe político del XIX Congreso Nacional del PCCh, hay una descripción nueva y detallada sobre la ambiciosa meta que se planea en tres fases. La primera es la edificación integral de una sociedad modestamente acomodada para el año 2020, cuando se festeje el centenario de la fundación del PCCh. La segunda es: desde 2020 hasta 2035, la culminación fundamental de la modernización socialista.

Y la última es la edificación integral de una potencia socialista moderna, próspera, democrática, civilizada, armoniosa y bella para el año 2050, cuando se celebre el centenario de la fundación de la Nueva China. Se trata de una continuidad y un desarrollo de la estrategia elaborada por el camarada Deng Xiaoping, en busca de hacer poderoso el país, sobre la base de lo erguido y lo próspero. Y el objetivo final reside en la felicidad del pueblo.

Tenemos una cultura milenaria que nos nutre a cada rato, un pueblo laborioso y valiente que se supera a sí mismo constantemente, una juventud bien preparada, un mapa de ruta elaborado en forma científica y sobre todo un Partido bien organizado y fuerte, para estar convencidos de alcanzar la meta.

Desde luego, el objetivo de la nueva época no se materializa tomando té, ni tocando tambores, en lugar de un trabajo continuo e infatigable, cuando tomamos en consideración las dificultades y desafíos a los que nos enfrentamos, tales como la trampa de medio ingreso, el momento Minsky y las contradicciones estructurales, entre otros.

Xinhuanet